Por Pedro Valero Merino investigador en historia y de arqueología
En marzo de 1908 llegó la peste bubónica al puerto de Guayaquil, causada por la bacteria Yersinia pestis, es una de las enfermedades más devastadoras en la historia de la humanidad. Su nombre proviene del síntoma más característico: la aparición de bubones. La bacteria suele transmitirse a través de la picadura de pulgas infectadas que viven en roedores. Una vez que entra en el cuerpo humano, se desplaza a través del sistema linfático hasta el nodo linfático más cercano.
Los ganglios linfáticos (comúnmente en la axila, la ingle o el cuello) se inflaman drásticamente, volviéndose extremadamente dolorosos y, en etapas avanzadas, pueden supurar. Se presenta fiebre alta repentina, escalofríos, dolor de cabeza y postración. En las etapas finales, se producen hemorragias debajo de la piel que generan manchas oscuras o negruzcas (de ahí el nombre histórico de "Peste Negra").
En Guayaquil se pretendía curar la enfermedad con collares de limones y ladrillos calientes envueltos en trapos colocados en los pies para combatir el escalofrío o cerca de los bubones para hacerlos madurar.
En la ciudad se había establecido un Lazareto con una sección llamada Bubónica y otra denominaba Fiebre Amarilla. Esta casa de salud tenía mala fama de que si ingresabas lo más probable es que no salieras vivo y calificaban de médicos pollinos a los galenos, en referencia a que no estaban preparados para curar la enfermedad.
Las personas enfermas les denominaban pestosos y por las calles de la ciudad circulaban las carretas que llevaban a los enfermos al Lazareto.
En el Cementerio General las personas fallecidas en1909 tienen altas probabilidades de haber muerto de bubónica siendo este el caso de Antonio Vallejo quien falleció a la edad de 35 años el 10 de octubre de ese aciago año en el Lazareto, sección Bubónica, sí, el establecimiento de salud al que nadie quería ir, sino por la fuerza de los miembros de la sanidad y bueno tampoco generalizo, de seguro que también algunos acudieron con una vana esperanza de salvarse.
Más de un siglo después de su muerte la tumba de Vallejo por el abandono es una de las más lúgubres del Cementerio General de Guayaquil.
Es importante indicar que las personas de la época se quejaban que habían sido vacunados, pero que a pesar de ello habían adquirido la bubónica, y es que desconocían que cuando la bacteria afectaba a los pulmones entonces la propagación se realizaba a través de las gotitas de saliva que el enfermo expulsa al toser o hablar.
La enfermedad empieza a declinar en el litoral en 1922 hasta desaparecer en 1930, sin embargo, en 1935 hay un nuevo rebrote ahora proveniente de la región Sierra por vía férrea.
En un período de 11 años la enfermedad se extendió a 199 localidades tanto de la Costa como de la Sierra, produjo 9888 casos confirmados y 4073 muertes, de los cuáles 6640 de los infectados correspondían a Guayaquil y 2572 defunciones.
Fotografía del autor

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